Qué significa fluir
Fluir no es un estado místico reservado para genios. Es un estado de atención en el que las decisiones musicales ocurren antes de que las pienses conscientemente. Tocás y escuchás al mismo tiempo. La mente no está monitoreando las manos — está dentro de la música.
Todo el mundo lo experimentó alguna vez, aunque sea brevemente. Ese momento en que dejaste de pensar en qué acorde viene y simplemente tocaste algo que sonó bien. Eso es fluir. El objetivo es aprender a entrar en ese estado de manera intencional, no esperando que aparezca solo.
Qué lo impide
Principalmente, pensar demasiado en escala visual. La mayoría de los guitarristas piensan en el diapasón — visualizan dónde están las notas en el mástil. Eso es útil para aprender, pero se convierte en un obstáculo cuando querés fluir. Porque el pensamiento visual es lento comparado con el pensamiento auditivo.
El segundo obstáculo es la intención de impresionar. Cuando tocás pensando en lo que otro va a escuchar, tu atención sale de la música y va hacia el resultado. Y en ese momento dejás de escuchar lo que estás creando.
"Aprendí que uno debe tocar para sí mismo. Sin pensar visualmente dónde va la nota, y sin la intención de hacer escuchar algo en particular a los demás."
El músico que me lo enseñó sin querer
Hubo una persona que me enseñó esto sin proponérselo. Era un músico en Buenos Aires — Jorge Pasquali — con cero teoría formal. No sabía qué eran las quintas ni las terceras. No podía leer un cifrado. Solo conocía "mayor" y "menor".
Pero tocaba de oído con una complejidad armónica que dejaba parado a cualquiera. Fluyó con una elegancia enorme. Sin analizarlo, solo lo hacía. Era un genio real, del tipo que no sabe que lo es.
Cuando tocábamos juntos no ensayábamos: simplemente tocábamos música nueva, como dos pintores que se juntan a pintar. Con el tiempo me fui quedando solo, y él entendía que yo fluía sin esfuerzo. Empecé a estudiar ese estado. A querer entenderlo para poder explicarlo.
Cómo se aprende
Lo que trabajo en clases es cómo mover los acordes en cualquier tonalidad como si fueran piezas — sin memorizar patrones, sin pensar en nombres de notas. Cuando lo entendés como lógica en lugar de como fórmula, podés crear armonía en movimiento. Y cuando la armonía fluye, la melodía la sigue naturalmente.
No hay atajos para esto. Requiere práctica de un tipo específico: no practicar más, sino practicar diferente. Con la atención en el oído, no en las manos. Escuchando lo que tocás con la misma curiosidad con que escucharías a otro músico.
El momento en que un alumno empieza a sorprenderse con lo que sale de sus propias manos — ese es el momento en que algo cambió. Lo que sigue es cuestión de tiempo.
Una nota para músicos fuera de Santiago
Muchos de los mensajes que recibo son de músicos de Concepción, Valparaíso y otras ciudades. Entiendo la frustración: lo que buscan no está disponible online — y en mi caso tampoco puedo darlo online. Mis clases son presenciales en Santiago.
Lo que sí puedo decir es que el libro MA間 y la página de la masterclass tienen ideas concretas que pueden trabajarse solos. No reemplazan una clase, pero dan una dirección.
Si estás en Santiago y te interesa explorar esto en persona, escribime.
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